martes, 21 de abril de 2009

Inauguraron monumento a "El Baqueano" en Parque Leloir, en Ituzaingó

El monumento realizado en tamaño natural es obra de nuestro querido escultor don "Danilo Bambú".

Está emplazado en la Rotonda "Poeta Rafael Alberti", cruce de las calles Los Baqueanos y De la Media Caña.

En presentación coronada con una interesante cantidad de vecinos, disertaron:

*El Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Morón, y concejal por Ituzaingó, Dr. Bruno Corbo.
*El creador de la obra Danilo Bambú.
*El presidente de Parque Leloir Asociación Civil Luis Spalla.
*El presidente del Concejo Deliberante de Ituzaingó Marcelo Nadal.

*Se hicieron presente: "La Coyunda" "Círculo Tradicionalista", "Círculo Gaucho" "El rodeo Moreno, "Federación Gaucha" de Buenos Aires

Compartamos entonces la descripción que Sarmiento hizo de su figura y su papel trascendental en nuestra pampa.

El baqueano es un gaucho grave y reservado, que conoce a palmos veinte mil leguas cuadradas de llanuras, bosques y montañas. Es el topógrafo más completo, es el único mapa que lleva un general para dirigir los movimientos de su campaña.

El baqueano va siempre a su lado. Modesto y reservado como una tapia, está en todos los secretos de la campaña; la suerte del ejército, el éxito de una batalla, la conquista de una provincia, todo depende de él.

El baqueano es casi siempre fiel a su deber... Un baqueano encuentra una sendita que hace cruz con el camino que lleva: él sabe a qué aguada remota conduce; si encuentra mil, y esto sucede en un espacio de cien leguas, él las conoce todas, sabe de dónde vienen y a dónde van.

Él sabe el vado oculto que tiene un río más arriba o más abajo del paso ordinario, y esto en cien ríos o arroyos; él conoce en los ciénagos extensos un sendero por donde pueden ser atravesados sin inconveniente, y esto en cien ciénagos distintos.

En lo más oscuro de la noche, en medio de los bosques o en las llanuras sin límites, perdidos sus compañeros, extraviados, da una vuelta en círculo de ellos, observa los árboles; si no los hay, se desmonta, se inclina a tierra, examina algunos matorrales y se orienta de la altura en que se halla, monta en seguida y les dice para asegurarlos: "Estamos en dereceras de tal lugar, a tantas leguas de las habitaciones; el camino ha de ir al Sur"; y se dirige hacia el rumbo que señala, tranquilo, sin prisa de encontrarlo y sin responder a las objeciones que el temor o la fascinación sugiere a los otros.

Si aún no basta, o si se encuentra en la pampa y la oscuridad es impenetrable, entonces arranca pastos de varios puntos, huele la raíz y la tierra, los masca, y, después de repetir este procedimiento varias veces, se cerciora de la proximidad de algún lago, o arroyo salado, o de agua dulce, y sale en su busca para orientarse fijamente.

Si el baqueano lo es de la pampa, donde no hay caminos para atravesarla, y un pasajero le pide que lo lleve directamente a un paraje distante cincuenta leguas, el baqueano se para un momento, reconoce el horizonte, examina el suelo, clava la vista en un punto y se echa a galopar con la rectitud de una flecha, hasta que cambia por motivos que sólo él sabe, y, galopando día y noche, llega al lugar designado.

...El baqueano conoce la distancia que hay de un lugar a otro, los días y las horas necesarias para llegar a él, y a más, una senda extraviada e ignorada por donde se puede llegar de sorpresa y en la mitad del tiempo.

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