viernes, 17 de mayo de 2013

La “Isla de la basura” recibirá una expedición de estudio


La llamada “isla de la basura” contiene más de 6 millones de toneladas de plástico y flota a la deriva cerca de las costas de Estados Unidos. Una expedición va a analizar el impacto de la basura marina en la vida de los peces pequeños, plancton y otros microorganismos.
En el presente mes de mayo, transcurrido un año de un frustrado intento, una expedición se dirige rumbo al “séptimo continente”. Se trata de un gigantesco basurero flotante que acumula toda clase de desperdicios plásticos. Además es más grande que el territorio de la Argentina.

La expedición recibe el nombre “7° continente”. A cargo de su armado está el explorador francés Patrick Deixonne, de 48 años. Cuando él participaba en una carrera de remo, en 2009, imprevistamente se encontró con esta gran isla de basura.

Deixonne puntualiza que, en plena carrera, al ver todos esos desperdicios plásticos que flotaban a su alrededor  sintió perplejidad y se preguntó: “¿Adónde va todo esto?”.

Al regresar a tierra, el francés obtuvo la respuesta. Todos esos desperdicios confluyen en el punto de encuentro de corrientes marinas, posteriormente se enroscan bajo el efecto de la rotación de la tierra. Por último, forman una inmensa masa giratoria.

Procedentes de las costas y los ríos, millones de toneladas flotan en las cinco principales masas de desperdicios formadas en todos los océanos, cuya fuerza centrípeta las aspira hacia el centro, en el Pacífico.
Los científicos afirman que esta “sopa”, en su esencia, está compuesta por microdesperdicios de plástico descompuesto y en suspensión bajo la superficie del agua, en ocasiones a 30 metros de profundidad.

La “isla de la basura” es improbable que pueda ser detectada por las observaciones desde los satélites. Sólo es visible desde los barcos.
El Centro Nacional de Estudios Espaciales Franceses (CNES), la agencia espacial francesa que apadrina la misión “7° continente”, sostienen que esta masa del Pacífico norte, entre California y Hawai, es una de las más importantes del planeta, con una superficie de 3,4 millones de km2.
Al hallarse la placa de desperdicios en aguas poco transitadas por la navegación militar y turística, pareciera que el problema solamente interesa a los científicos y a los ecologistas.
  
El descubrimiento de esta masa de desperdicios fue realizado, de manera fortuita, por el oceanógrafo estadounidense Charles Moore en 1997. Desde entonces ha sido objeto de muy pocos estudios sobre su impacto en la contaminación del océano y su fauna.
 Por esa causa, el francés Deixonne se propone darle publicidad a esta “catástrofe ecológica” y con esa meta irá al lugar para traer imágenes y observaciones científicas.
La fecha de partida de la expedición es el 20 de mayo, el lugar elegido es una localidad del sur californiano: Oceanside. En todo el recorrido está previsto que tome medidas para comparar  la concentración y la naturaleza de los desperdicios.

La llegada a la zona de mayor concentración de basura (a 1900 km de las costas) demandará entre seis y siete días. Es decisivo el aporte de la guía vía satélite, proporcionada por sus socios.

En tanto que un captor realizado por alumnos de Ingeniería de Toulouse, en cooperación con el CNES, también será probado en una boya a la deriva. Dicha boya permite distinguir en el agua a los plásticos del plancton y de otras partículas vivas.

El paso siguiente es cartografiar las áreas contaminadas gracias a imágenes satelitales. Algo nunca hecho hasta hoy.
La fecha original de la expedición era mayo de 2012. El fracaso se debió a incidentes provocados por desperdicios plásticos.
Una bolsa de plástico, antes de salir de California, había bloqueado la bolsa de agua de la goleta de 1938 fletada por Deixonne. A lo que se agregó otra dificultad, restos de una caña de pescar de nylon habían roto el timón en el Golfo de México.

Este tipo de problemas afectan cada vez más a los navegantes californianos. En atención a estos antecedentes ha tomado sus recaudos. Este año, la expedición contará con un poderoso barco con motor y tres tripulantes aportado por el Yatch Club de Oceanside. 

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