La ecografía miocárdica de contraste aporta nueva información acerca de los efectos de la cocaína sobre el corazón humano y el papel de la droga en el síndrome coronario agudo.
Introducción
La cocaína es la droga ilegal más consumida en el mundo después de la marihuana y constituye una causa importante de enfermedad cardiovascular, especialmente de episodios de síndromes coronarios agudos (SCA). La incidencia de SCA asociado con el uso de cocaína ha aumentado de manera constante en los últimos 20 años, en forma paralela al consumo. Los mecanismos a través de los cuales la droga produce un SCA continúan en el terreno de las hipótesis. Los estudios previos han sugerido que la cocaína genera vasoconstricción de la microvasculatura coronaria, aunque no ha habido evidencia directa de ello. El tratamiento del SCA causado por la cocaína es, consecuentemente y en gran medida, empírico.
También, la cocaína es un potente simpaticomimético que estimula los receptores adrenérgicos, produce incremento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, juntamente con aumento de la demanda de oxígeno miocárdico y de la resistencia vascular coronaria, lo que puede limitar el suministro de oxígeno al corazón. Se ha demostrado que una dosis baja, atóxica, de cocaína por vía intranasal en adultos produce cambios en el flujo del seno coronario (una medida indirecta del flujo arterial coronario), pero no se ha comprobado directamente el efecto en los vasos coronarios.
Para probar la hipótesis de la vasoconstricción coronaria, en este estudio se utilizaron microesferas ecogénicas llenas de gas (ecografía miocárdica de contraste [EMC]) en un grupo de voluntarios adultos sanos en los que se administró una dosis atóxica de cocaína por vía intranasal.
Pacientes y métodos
Un grupo de voluntarios adultos sanos, de entre 18 y 55 años, fue incorporado al estudio. Se consideró como criterio de exclusión la evidencia de enfermedad previa (cardiovascular u otras), así como el antecedente de consumo de drogas. Mediante una ecografía transtorácica bidimensional con la utilización de microburbujas de contraste se determinaron múltiples parámetros cardiovasculares, antes y después de la administración de una dosis de cocaína de 2 mg/kg por vía intranasal, dosis por debajo del nivel considerado tóxico.
Entre los parámetros cardiovasculares, se registraron la frecuencia cardíaca, la presión arterial, el volumen sistólico, el gasto cardíaco, la fracción de eyección ventricular, el trabajo ventricular total y por latido, la tensión parietal al final de la diástole del ventrículo izquierdo y la demanda miocárdica de oxígeno. Durante el estudio también se midieron los metabolitos de la cocaína. El protocolo experimental constó de dos partes: en una primera etapa se realizaron estudios de validación interna, seguidos por la administración de la cocaína a los voluntarios, luego de medir sus parámetros basales.
Se utilizaron pruebas estadísticas apropiadas para cada una de las etapas, que incluyeron regresión lineal simple, cálculo del coeficiente de variación, prueba de Bland Altman y prueba de la t para muestras pareadas. Se consideró significativo un valor de p < 0.05.
Resultados
Veinticuatro voluntarios sanos, sin adicción previa a drogas, respondieron a la convocatoria y fueron evaluados. Trece fueron excluidos por varios motivos: mala calidad de la imagen ecocardiográfica (n = 9), hipertensión arterial (n = 2), hiperlipidemia (n = 1) y enfermedad sistémica crónica (n = 1). El grupo de estudio estuvo conformado por 11 individuos, con una edad de 33 ± 3 años (media ± desviación estándar; rango: 22 a 45 años). Los estudios de validación mostraron ser altamente reproducibles y no se detectaron sesgos sistemáticos.
Luego de la administración de cocaína por vía intranasal, ninguno de los sujetos presentó dolor precordial, evidencias electrocardiográficas de isquemia, arritmias u otras complicaciones. Se observaron incrementos significativos de la frecuencia cardíaca, la presión arterial sistólica, diastólica y media y de múltiples índices representativos del trabajo ventricular izquierdo. Un hallazgo de especial importancia fue la disminución en un 16% del volumen circulatorio de los capilares miocárdicos luego de la administración de la cocaína por vía intranasal, en ausencia de cambios en la velocidad del flujo, lo que se interpretó como un indicador de disminución de la perfusión miocárdica. De hecho, la perfusión miocárdica disminuyó un 23% (de 104 ± 10 a 76 ± 11 UA • seg-1; p < 0.01). Otros hallazgos al respecto fueron la disminución en un 35% del cociente entre la perfusión miocárdica y el consumo miocárdico de oxígeno (de 16 ± 2 a 10 ± 1; p < 0.01) y la disminución en un 44% del cociente entre la conductancia miocárdica y el consumo miocárdico de oxígeno (de 0.2 ± 0.03 a 0.1 ± 0.02; p < 0.01), lo que indicó un desequilibrio entre la demanda y el suministro de oxígeno al miocardio.
Discusión y conclusiones
Tanto los mecanismos subyacentes a la vasoconstricción coronaria producida por la cocaína y la base de evidencia para el tratamiento del SCA inducido por esta droga permanecen en gran parte en el terreno del empirismo. Este estudio mostró que la administración de una dosis baja de cocaína por vía intranasal en un grupo de adultos jóvenes sanos provocó una disminución significativa de la perfusión miocárdica, lo que sugirió que el efecto estuvo mediado por la constricción de las arteriolas terminales. La EMC brinda un método no invasivo para estudiar los efectos de la cocaína sobre la microcirculación coronaria.
El estudio tuvo varias limitaciones: más de la mitad de los voluntarios fue excluida, la mayoría por mala calidad de la imagen ecográfica, lo que creó una duda sobre la aplicabilidad del método. Al ser un estudio preliminar, no hubo un grupo control de referencia. El método de la EMC no permite valorar los efectos sobre otros territorios cardíacos, como la microvasculatura epicárdica. Finalmente, por reparos éticos, se utilizó una dosis de cocaína sin efectos tóxicos, por lo cual no se pudo comprobar la aparición de dolor torácico ni SCA durante el estudio.
No obstante las limitaciones mencionadas, el estudio proveyó información de la vasoconstricción inducida por la cocaína en la microvasculatura coronaria, que sentó las bases para estudios ulteriores sobre los mecanismos involucrados en el SCA y las posibles medidas para su prevención y tratamiento.
SIIC - Dres. Gurudevan SV, Nelson MD, Victor RG y colaboradores
SIIC
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viernes, 6 de diciembre de 2013
jueves, 7 de noviembre de 2013
La cocaína puede volver al sistema inmunitario más vulnerable a una infección por VIH
La situación ha comenzado a cambiar gracias a un nuevo estudio realizado por especialistas de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), en el que se ha examinado cómo afecta la cocaína a una población de células inmunitarias llamadas células T CD4 quiescentes, las cuales son resistentes al virus que causa el SIDA.
Los resultados de este estudio indican que la cocaína hace que las células se vuelvan más susceptibles a la infección con el VIH.
Lo más sorprendente es que los cambios que la cocaína indujo en estas células durante los experimentos fueron mínimos, y pese a ello bastaron para promover la infección.
El equipo de Dimitrios Vatakis, profesor de medicina en la división de hematología y oncología de la Escuela David Geffen de Medicina en la UCLA, ha comprobado que la cocaína produce sus efectos directamente, induciendo cambios mínimos en la fisiología de estas células y utilizando las mismas vías que usa para actuar en el cerebro.
Para el estudio in vitro a lo largo de todo un año, los investigadores recolectaron sangre de donantes humanos sanos y aislaron células T CD4 quiescentes. Expusieron estas células a la cocaína, y entonces las infectaron con VIH. Después tomaron muestras, a diferentes intervalos de tiempo, para determinar la susceptibilidad de las células a la infección en diferentes etapas del ciclo vital del VIH, comparando las células infectadas con las que se dejaron como muestra de control sin tratar.
El equipo de Vatakis constató que una exposición a la cocaína durante tres días volvió más susceptibles a las células a la infección por VIH, por medio de la estimulación de dos receptores en las células, conocidos como Sigma1 y D4. Los hallazgos sugieren que el uso de cocaína incrementa la cantidad de células T que pueden ser infectadas por el virus en el cuerpo humano.
Los investigadores advierten que habrá que investigar más antes de poder extraer conclusiones definitivas e inequívocas de estos hallazgos. Conviene tener en cuenta que el estudio se ha basado en un modelo de exposición aguda (es decir, breve) a la cocaína; en cambio, los drogadictos típicos son usuarios crónicos que consumen la droga a lo largo de un período muy superior a unos días. Los investigadores tienen, sin embargo, datos obtenidos con modelos animales que respaldan lo observado en las células humanas.
En la investigación también han trabajado Sohn Kim, James Jung, Dhaval Dixit, Robert Rovner Jr., Jerome Zack y Gayle Baldwin, todos de la UCLA.
Fuente: NCYT
lunes, 4 de noviembre de 2013
Adicción a analgésicos: una 'epidemia' que mata más que la cocaína y heroína en EE UU
Cada vez más estadounidenses toman analgésicos opioides de forma compulsiva, hasta el punto de que las autoridades sanitarias se refieren a su consumo como una "epidemia", que provoca más muertes que la cocaína y la heroína juntas.
"El abuso de medicamentos con receta es un grave problema de salud pública que no puede ser ignorado, pero si los legisladores trabajan en soluciones al respecto, es fundamental que no disuadan a los médicos de tratar adecuadamente el dolor o reducir el acceso a los medicamentos para los pacientes que sufren", añade Hoven.
En lugar de aumentar la dureza de los controles, la AMA aboga por enseñar a los médicos a gestionar el dolor y prescribir opioides "de forma responsable" y por aprobar una legislación "racional" orientada tanto a corregir el mal uso de los fármacos como a mantenerlos accesibles para los tratamientos que los requieran. Los opioides son la causa de más de 40 muertes al día de media en Estados Unidos y, aunque esta 'epidemia' afecta más a los hombres, se está convirtiendo en un problema creciente entre las mujeres.
El profesor asociado de medicina en la universidad Johns Hopkins, especializado en el tratamiento del dolor, y presentador de un programa de radio sobre la materia, Paul Christo, explica que la mayor parte de los fallecidos "son personas que toman analgésicos sin receta y que los consiguen a través de amigos o familiares". Christo recuerda que 100 millones de personas en Estados Unidos padecen alguna forma de dolor crónico y que estos medicamentos son "necesarios" para soportarlo.
"Entiendo la postura de la FDA. Quieren reducir las consecuencias negativas de los opioides, disminuir los riesgos. Pero hay más gente que los utiliza porque los necesita y les podría resultar más difícil obtenerlos", señala Christo. El profesor de la Johns Hopkins aconseja "asegurarse de que la persona que prescribe analgésicos se ha formado en el uso de estos medicamentos y comprende los riesgos que implican", porque, según Christo, "no valen para todos los pacientes".
Se calcula que cerca de medio millón de visitas a urgencias se deben al uso indebido de analgésicos cada año y que la atención sanitaria derivada del empleo de estos fármacos con fines no médicos cuesta a las aseguradoras más de 70.000 millones de dólares anuales. No obstante, de momento la comunidad médica y las autoridades estadounidenses discrepan sobre cómo afrontar el reto que supone impedir que los analgésicos opioides provoquen más dolor del que se supone que tienen que quitar.
Sin embargo, la American Medical Association (AMA) se opone a esta medida, ya que considera que podría limitar el acceso legítimo de los pacientes a esta medicación, especialmente para los ancianos y pacientes terminales que requieren un alivio inmediato del dolor. "Los funcionarios federales deberían sopesar cuidadosamente todas las consecuencias no intencionadas para los pacientes que sufren dolor si consideran la recomendación de la FDA de reforzar los controles a la prescripción de hidrocodona", asegura la presidenta de la AMA, Ardis Dee Hoven.
Pese a que la mayoría de estos fármacos fueron recetados con una finalidad clínica, algunos fueron usados indebidamente, porque los analgésicos, que se prescriben para mitigar el dolor crónico que sufren algunos pacientes, también acaban siendo utilizados como drogas. Ante este panorama, la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA) recomendó hace una semana aumentar los controles sobre las prescripciones que los médicos hacen de los analgésicos más comunes, los que contienen el opioide hidrocodona, y equipararlos así a los más fuertes, como la oxicodona. Piden más controles a las autoridades
Un total de 16.651 personas fallecieron por sobredosis o uso indebido de opioides en Estados Unidos en 2010, según los últimos datos disponibles del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en sus siglas en inglés). En la última década, las ventas de estos medicamentos se han triplicado y sólo durante 2010 se recetaron suficientes analgésicos para medicar a cada estadounidense día y noche durante un mes.
Fuente: 20 minutos
"El abuso de medicamentos con receta es un grave problema de salud pública que no puede ser ignorado, pero si los legisladores trabajan en soluciones al respecto, es fundamental que no disuadan a los médicos de tratar adecuadamente el dolor o reducir el acceso a los medicamentos para los pacientes que sufren", añade Hoven.
En lugar de aumentar la dureza de los controles, la AMA aboga por enseñar a los médicos a gestionar el dolor y prescribir opioides "de forma responsable" y por aprobar una legislación "racional" orientada tanto a corregir el mal uso de los fármacos como a mantenerlos accesibles para los tratamientos que los requieran. Los opioides son la causa de más de 40 muertes al día de media en Estados Unidos y, aunque esta 'epidemia' afecta más a los hombres, se está convirtiendo en un problema creciente entre las mujeres.
El profesor asociado de medicina en la universidad Johns Hopkins, especializado en el tratamiento del dolor, y presentador de un programa de radio sobre la materia, Paul Christo, explica que la mayor parte de los fallecidos "son personas que toman analgésicos sin receta y que los consiguen a través de amigos o familiares". Christo recuerda que 100 millones de personas en Estados Unidos padecen alguna forma de dolor crónico y que estos medicamentos son "necesarios" para soportarlo.
"Entiendo la postura de la FDA. Quieren reducir las consecuencias negativas de los opioides, disminuir los riesgos. Pero hay más gente que los utiliza porque los necesita y les podría resultar más difícil obtenerlos", señala Christo. El profesor de la Johns Hopkins aconseja "asegurarse de que la persona que prescribe analgésicos se ha formado en el uso de estos medicamentos y comprende los riesgos que implican", porque, según Christo, "no valen para todos los pacientes".
Se calcula que cerca de medio millón de visitas a urgencias se deben al uso indebido de analgésicos cada año y que la atención sanitaria derivada del empleo de estos fármacos con fines no médicos cuesta a las aseguradoras más de 70.000 millones de dólares anuales. No obstante, de momento la comunidad médica y las autoridades estadounidenses discrepan sobre cómo afrontar el reto que supone impedir que los analgésicos opioides provoquen más dolor del que se supone que tienen que quitar.
Pese a que la mayoría de estos fármacos fueron recetados con una finalidad clínica, algunos fueron usados indebidamente, porque los analgésicos, que se prescriben para mitigar el dolor crónico que sufren algunos pacientes, también acaban siendo utilizados como drogas. Ante este panorama, la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA) recomendó hace una semana aumentar los controles sobre las prescripciones que los médicos hacen de los analgésicos más comunes, los que contienen el opioide hidrocodona, y equipararlos así a los más fuertes, como la oxicodona. Piden más controles a las autoridades
Un total de 16.651 personas fallecieron por sobredosis o uso indebido de opioides en Estados Unidos en 2010, según los últimos datos disponibles del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en sus siglas en inglés). En la última década, las ventas de estos medicamentos se han triplicado y sólo durante 2010 se recetaron suficientes analgésicos para medicar a cada estadounidense día y noche durante un mes.
Fuente: 20 minutos
lunes, 28 de octubre de 2013
Los adictos a la cocaína y la heroína tienen un 60% menos de probabilidades de encontrar trabajo
Investigadores gallegos han analizado datos proporcionados por el Servicio Gallego de Salud y han demostrado que la probabilidad de que un adicto a drogas ilegales sea contratado es un 58,4% menor que la de otro aspirante.
Hasta ahora, los estudios que relacionan el consumo de drogas y la productividad de un trabajador han obtenido resultados diversos e incluso confrontados. Recientemente, un grupo de científicos de la Universidad de La Coruña y de la Escuela Universitaria de Relaciones Laborales de la misma ciudad ha demostrado que estas adicciones disminuyen la probabilidad de contratación en un 58,4%.
El trabajo, publicado en la revista Applied Economics Letters, analiza el impacto del uso de drogas que crean dependencia en la posibilidad de ser seleccionado por una empresa.
Los investigadores han tenido en cuenta únicamente las “drogas clasificadas como de dependencia”, indica a SINC María Berta Rivera, una de las autoras del estudio e investigadora de la Universidad de La Coruña. Los casos se refieren al consumo de heroína, de cocaína, de aquellas sustancias cuya base es la cocaína, y los consumos mixtos de ambos tóxicos.
Los casos utilizados en el ensayo fueron extraídos de los registros clínicos de las Unidades Asistenciales de Drogodependencia (UADs) del Servicio Gallego de Salud, cuyo personal realiza encuestas a los pacientes en el momento en que son ingresados.
Los expertos seleccionaron aquellos usuarios clasificados como “consumidores problemáticos –aclara Rivera–. Hemos utilizado únicamente los casos de empleo patológico de drogas, es decir, con una frecuencia diaria”, añade la científica.
Los autores consideran que desde un punto de vista socioeconómico los resultados revelan el gran coste individual y colectivo que originan los problemas de salud y sociales asociados al consumo habitual de drogas ilegales.
“Es una productividad perdida, puesto que, en su mayoría, estamos hablando de población joven en edad de trabajar”, recalca la investigadora.
Estos mismos autores ya habían realizado estudios anteriores donde estimaban el coste monetario de la pérdida de productividad en función del tipo de profesión.
Una relación complicada
“Para estudiar la relación entre variables se utilizan modelos de tipo probabilístico”, explica Rivera. La dificultad de este tipo de análisis radica en determinar la dirección que toma la dependencia entre dos o más factores.
En el caso del consumo de drogas y el trabajo, “puede existir una relación bidireccional entre ambas variables –aclara la investigadora–. En este caso, la influencia sería recíproca. ¿Tiene un desempleado mayores incentivos para ser consumidor o es el consumo el que determina la capacidad de empleo?”.
“La metodología que hemos utilizado permite establecer la relación en el sentido de la segunda afirmación, y por lo tanto poder obtener las conclusiones expuestas en el artículo”, recalca Rivera.
El consumo de drogas es lo que se denomina una variable endógena, es decir, está determinada por otras magnitudes que deben introducirse a su vez en el modelo inicial.
Entre ellas se encuentran la edad a la que comenzó la adicción. “Un inicio temprano en el consumo de drogas tiene efectos importantes en la empleabilidad futura”, aclara Rivera. El nivel de educación “influye de manera positiva en la reducción de la probabilidad de ser un consumidor frecuente de drogas de dependencia” y el estado civil “también determina la probabilidad de consumo de drogas y su intensidad”.
Además, los autores tuvieron en cuenta la salud de los usuarios. “El padecimiento de enfermedades crónicas, como el VIH o la hepatitis, reduce la probabilidad de estar trabajando”, señala.
El modelo probabilístico demostró que todas estas características del adicto reducen la probabilidad de que sea seleccionado para trabajar en una empresa, lo que permite a los expertos afirmar que es el consumo de drogas el que afecta de manera negativa a la probabilidad de encontrar un empleo.
Referencia bibliográfica
Berta Rivera, Bruno Casalab, Luis Curraisc, Paolo Rungoc ‘Illicit drug use and labour market participation: evidence of simultaneity'. Publicado en Applied Economics Letters 14 de agosto de 2013.
Hasta ahora, los estudios que relacionan el consumo de drogas y la productividad de un trabajador han obtenido resultados diversos e incluso confrontados. Recientemente, un grupo de científicos de la Universidad de La Coruña y de la Escuela Universitaria de Relaciones Laborales de la misma ciudad ha demostrado que estas adicciones disminuyen la probabilidad de contratación en un 58,4%.
El trabajo, publicado en la revista Applied Economics Letters, analiza el impacto del uso de drogas que crean dependencia en la posibilidad de ser seleccionado por una empresa.
Los investigadores han tenido en cuenta únicamente las “drogas clasificadas como de dependencia”, indica a SINC María Berta Rivera, una de las autoras del estudio e investigadora de la Universidad de La Coruña. Los casos se refieren al consumo de heroína, de cocaína, de aquellas sustancias cuya base es la cocaína, y los consumos mixtos de ambos tóxicos.
Los casos utilizados en el ensayo fueron extraídos de los registros clínicos de las Unidades Asistenciales de Drogodependencia (UADs) del Servicio Gallego de Salud, cuyo personal realiza encuestas a los pacientes en el momento en que son ingresados.
Los expertos seleccionaron aquellos usuarios clasificados como “consumidores problemáticos –aclara Rivera–. Hemos utilizado únicamente los casos de empleo patológico de drogas, es decir, con una frecuencia diaria”, añade la científica.
Los autores consideran que desde un punto de vista socioeconómico los resultados revelan el gran coste individual y colectivo que originan los problemas de salud y sociales asociados al consumo habitual de drogas ilegales.
“Es una productividad perdida, puesto que, en su mayoría, estamos hablando de población joven en edad de trabajar”, recalca la investigadora.
Estos mismos autores ya habían realizado estudios anteriores donde estimaban el coste monetario de la pérdida de productividad en función del tipo de profesión.
Una relación complicada
“Para estudiar la relación entre variables se utilizan modelos de tipo probabilístico”, explica Rivera. La dificultad de este tipo de análisis radica en determinar la dirección que toma la dependencia entre dos o más factores.
En el caso del consumo de drogas y el trabajo, “puede existir una relación bidireccional entre ambas variables –aclara la investigadora–. En este caso, la influencia sería recíproca. ¿Tiene un desempleado mayores incentivos para ser consumidor o es el consumo el que determina la capacidad de empleo?”.
“La metodología que hemos utilizado permite establecer la relación en el sentido de la segunda afirmación, y por lo tanto poder obtener las conclusiones expuestas en el artículo”, recalca Rivera.
El consumo de drogas es lo que se denomina una variable endógena, es decir, está determinada por otras magnitudes que deben introducirse a su vez en el modelo inicial.
Entre ellas se encuentran la edad a la que comenzó la adicción. “Un inicio temprano en el consumo de drogas tiene efectos importantes en la empleabilidad futura”, aclara Rivera. El nivel de educación “influye de manera positiva en la reducción de la probabilidad de ser un consumidor frecuente de drogas de dependencia” y el estado civil “también determina la probabilidad de consumo de drogas y su intensidad”.
Además, los autores tuvieron en cuenta la salud de los usuarios. “El padecimiento de enfermedades crónicas, como el VIH o la hepatitis, reduce la probabilidad de estar trabajando”, señala.
El modelo probabilístico demostró que todas estas características del adicto reducen la probabilidad de que sea seleccionado para trabajar en una empresa, lo que permite a los expertos afirmar que es el consumo de drogas el que afecta de manera negativa a la probabilidad de encontrar un empleo.
Referencia bibliográfica
Berta Rivera, Bruno Casalab, Luis Curraisc, Paolo Rungoc ‘Illicit drug use and labour market participation: evidence of simultaneity'. Publicado en Applied Economics Letters 14 de agosto de 2013.
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domingo, 1 de septiembre de 2013
Drogas: marihuana es la más popular y heroína, la más mortal
Según estudio publicado en “The Lancet”
El cannabis es la droga más difundida en el mundo, la heroína es la que genera más muertes y las anfetaminas las que crean mayor adicción, según un estudio científico.
Este "primer análisis de la preponderancia mundial" sobre las cuatro grandes categorías de drogas ilegales, anfetaminas, cannabis, cocaína y opiáceas (heroína), confirma que la adicción a la heroína es la que acarrea mayores consecuencias para la salud a escala mundial.
Sobre 78.000 muertes atribuibles directamente a las drogas en el año 2010, más de las mitad (55%, es decir 43.000) están relacionadas con las opiáceas, según el estudio que publica el semanario médico británico The Lancet.
La adicción a las drogas inyectables como la heroína constituye además un factor muy importante de exposición y de infección a los virus del sida y las hepatitis, señala el documento.
Globalmente, las opiáceas son las que más pesan sobre la salud humana, una situación que "podría evitarse multiplicando los programas de distribución de agujas y jeringas, los tratamientos de sustitución de las opiáceas y las terapias antirretrovirales", explica el estudio realizado por un equipo australiano y estadounidense.
Aunque es el estupefaciente de mayor consumo en el mundo, el cannabis tiene un impacto mucho menor sobre la salud, en particular porque la adicción es menor, con 13 millones de personas dependientes contra 17,2 millones de adictos a las anfetaminas y 15,5 millones a las opiáceas.
Las consecuencias sanitarias de la cocaína son igualmente limitadas a escala mundial con respecto a la heroína, aunque el estudio da cuenta de niveles de adicción más elevados para esta droga en América Latina y del Norte.
Globalmente las consecuencias a nivel sanitario causadas por las cuatro grandes drogas estudiadas, han aumentado un 50% en el mundo entre 1990 y 2010 particularmente a raíz del alza del número de consumidores.
Pero las consecuencias sanitarias de estas drogas son muy inferiores a las del tabaquismo y del alcohol, subraya el estudio.
Tabaco y alcohol son "responsables en conjunto de casi un 10% de la mortalidad total" contra 1% de las drogas.
Hay que tomar en cuenta que el número de personas dependientes de las drogas es muy inferior que las adictas al alcohol y el tabaco.
"Es evidente que la utilización de drogas ilegales provoca relativamente más daños a nivel individual", indica el estudio del equipo dirigido por la australiana Louisa Degenhardt (Universidad de New South Wales) (Doc Salud)
El cannabis es la droga más difundida en el mundo, la heroína es la que genera más muertes y las anfetaminas las que crean mayor adicción, según un estudio científico.
Este "primer análisis de la preponderancia mundial" sobre las cuatro grandes categorías de drogas ilegales, anfetaminas, cannabis, cocaína y opiáceas (heroína), confirma que la adicción a la heroína es la que acarrea mayores consecuencias para la salud a escala mundial.
Sobre 78.000 muertes atribuibles directamente a las drogas en el año 2010, más de las mitad (55%, es decir 43.000) están relacionadas con las opiáceas, según el estudio que publica el semanario médico británico The Lancet.
La adicción a las drogas inyectables como la heroína constituye además un factor muy importante de exposición y de infección a los virus del sida y las hepatitis, señala el documento.
Globalmente, las opiáceas son las que más pesan sobre la salud humana, una situación que "podría evitarse multiplicando los programas de distribución de agujas y jeringas, los tratamientos de sustitución de las opiáceas y las terapias antirretrovirales", explica el estudio realizado por un equipo australiano y estadounidense.
Aunque es el estupefaciente de mayor consumo en el mundo, el cannabis tiene un impacto mucho menor sobre la salud, en particular porque la adicción es menor, con 13 millones de personas dependientes contra 17,2 millones de adictos a las anfetaminas y 15,5 millones a las opiáceas.
Las consecuencias sanitarias de la cocaína son igualmente limitadas a escala mundial con respecto a la heroína, aunque el estudio da cuenta de niveles de adicción más elevados para esta droga en América Latina y del Norte.
Globalmente las consecuencias a nivel sanitario causadas por las cuatro grandes drogas estudiadas, han aumentado un 50% en el mundo entre 1990 y 2010 particularmente a raíz del alza del número de consumidores.
Pero las consecuencias sanitarias de estas drogas son muy inferiores a las del tabaquismo y del alcohol, subraya el estudio.
Tabaco y alcohol son "responsables en conjunto de casi un 10% de la mortalidad total" contra 1% de las drogas.
Hay que tomar en cuenta que el número de personas dependientes de las drogas es muy inferior que las adictas al alcohol y el tabaco.
"Es evidente que la utilización de drogas ilegales provoca relativamente más daños a nivel individual", indica el estudio del equipo dirigido por la australiana Louisa Degenhardt (Universidad de New South Wales) (Doc Salud)
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lunes, 26 de agosto de 2013
La cocaína 'enseña' al cerebro a seguir consumiendo
¿Qué provoca que una persona se 'enganche' a las drogas? ¿Por qué después de las primeras dosis se produce esa 'necesidad' de seguir consumiendo? Aunque la adicción es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores que van desde lo biológico a lo sociocultural, una reciente investigación ayuda a comprender mejor lo que ocurre en el cerebro una vez se prueban sustancias como la cocaína.
Esta droga, señala el trabajo, es capaz de generar cambios en los circuitos cerebrales relacionados con la toma de decisiones, el aprendizaje y la memoria, lo que apuntala la creación de una adicción. Es como si, tras una primera dosis, la cocaína 'enseñara' al cerebro a seguir consumiendo, a favorecer este comportamiento frente otras opciones, aunque estas sean fundamentales para el bienestar del individuo. Los detalles del análisis se publican en la revista 'Nature Neuroscience'.
Mediante experimentos en ratones y utilizando sofisticadas técnicas de imagen, los autores de este trabajo, liderados por Linda Wilbrecht, profesora de Psicología y Neurociencias en la Universidad de Bekeley (EEUU), han podido demostrar que una sóla dosis de cocaína genera en el córtex frontal de los ratones un rápido crecimiento de espinas dendríticas, pequeñas protrusiones membranosas que son clave en la transmisión de información entre neuronas y en la memoria.
Estos científicos también han podido demostrar una relación clara estre estos cambios estructurales y un 'aprendizaje' relacionado con la droga en los animales. En concreto, los animales cuyo cerebro había generado más espinas y éstas tenían una mayor densidad, eran también los que en mayor medida optaban por seguir consumiendo cocaína en lugar de otras posibilidades.
"Esto nos da un posible mecanismo para entender cómo el consumo de drogas favorece comportamientos relacionados con seguir buscando este estímulo", señala Wilbrecht en un comunicado publicado por su Universidad.
"Se ha observado que los que han consumido drogas durante un tiempo prolongado muestran una menor función en su córtex frontal en relación con tareas mundanas, habituales y, en cambio, aumentan su función en respuesta a actividades relacionadas con las drogas", añade la especialista, quien subraya que su investigación ayuda a comprender cómo el cerebro hace este cambio de preferencias.
Experimentos
Para llevar a cabo su trabajo, el equipo de Wilbrecht realizó varios experimentos con ratones. En primer lugar, observaron el cerebro de los animales antes y después de inyectarles una dosis de cocaína y compararon su estado con el de otros ejemplares a los que se inyectó una solución salina. Y los resultados de esta comparación mostraron que el crecimiento de espinas dendríticas era mucho mayor en los ratones drogados.
Siguieron evaluando la evolución de estos animales y, además, iniciaron otra prueba para comprobar su comportamiento utilizando compartimentos perfectamente diferenciados, uno de los cuales contenía cocaína y el otro solución salina. En esta caso, también vieron que "los animales que presentaban más cantidad de espinas dendríticas robustas mostraban una mayor preferencia por el compartimento en el que recibían la cocaína", señalan los investigadores, quienes reclaman más estudios sobre el tema ya que existe el "potencial de desarrollar intervenciones terapéuticas para la adicción". Fuente: El Mundo.es
Esta droga, señala el trabajo, es capaz de generar cambios en los circuitos cerebrales relacionados con la toma de decisiones, el aprendizaje y la memoria, lo que apuntala la creación de una adicción. Es como si, tras una primera dosis, la cocaína 'enseñara' al cerebro a seguir consumiendo, a favorecer este comportamiento frente otras opciones, aunque estas sean fundamentales para el bienestar del individuo. Los detalles del análisis se publican en la revista 'Nature Neuroscience'.
Mediante experimentos en ratones y utilizando sofisticadas técnicas de imagen, los autores de este trabajo, liderados por Linda Wilbrecht, profesora de Psicología y Neurociencias en la Universidad de Bekeley (EEUU), han podido demostrar que una sóla dosis de cocaína genera en el córtex frontal de los ratones un rápido crecimiento de espinas dendríticas, pequeñas protrusiones membranosas que son clave en la transmisión de información entre neuronas y en la memoria.
Estos científicos también han podido demostrar una relación clara estre estos cambios estructurales y un 'aprendizaje' relacionado con la droga en los animales. En concreto, los animales cuyo cerebro había generado más espinas y éstas tenían una mayor densidad, eran también los que en mayor medida optaban por seguir consumiendo cocaína en lugar de otras posibilidades.
"Esto nos da un posible mecanismo para entender cómo el consumo de drogas favorece comportamientos relacionados con seguir buscando este estímulo", señala Wilbrecht en un comunicado publicado por su Universidad.
"Se ha observado que los que han consumido drogas durante un tiempo prolongado muestran una menor función en su córtex frontal en relación con tareas mundanas, habituales y, en cambio, aumentan su función en respuesta a actividades relacionadas con las drogas", añade la especialista, quien subraya que su investigación ayuda a comprender cómo el cerebro hace este cambio de preferencias.
Experimentos
Para llevar a cabo su trabajo, el equipo de Wilbrecht realizó varios experimentos con ratones. En primer lugar, observaron el cerebro de los animales antes y después de inyectarles una dosis de cocaína y compararon su estado con el de otros ejemplares a los que se inyectó una solución salina. Y los resultados de esta comparación mostraron que el crecimiento de espinas dendríticas era mucho mayor en los ratones drogados.
Siguieron evaluando la evolución de estos animales y, además, iniciaron otra prueba para comprobar su comportamiento utilizando compartimentos perfectamente diferenciados, uno de los cuales contenía cocaína y el otro solución salina. En esta caso, también vieron que "los animales que presentaban más cantidad de espinas dendríticas robustas mostraban una mayor preferencia por el compartimento en el que recibían la cocaína", señalan los investigadores, quienes reclaman más estudios sobre el tema ya que existe el "potencial de desarrollar intervenciones terapéuticas para la adicción". Fuente: El Mundo.es
martes, 4 de junio de 2013
Científicos se centran en una proteína del cerebro y antibióticos para bloquear la cocaína
Un nuevo estudio realizado por un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Indiana demuestra que la GLT1, una proteína que elimina el glutamato del cerebro, juega un papel crítico en el ansia de cocaína que se desarrolla sólo unos días despues del consumo de cocaína.
El estudio, que apareció en The Journal of Neuroscience, mostró que cuando las ratas que toman grandes dosis de cocaína son retiradas de la droga, la producción de GLT1 en el núcleo accumbens, una región del cerebro implicadas en la motivación, comienza a disminuir. Pero si las ratas reciben ceftriaxona, un antibiótico utilizado para tratar la meningitis, GLT1 aumenta durante el período de espera y disminuye la ansiedad de cocaína.
George Rabel, profesor en el Departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro, dijo ansia por la droga depende de la liberación de glutamato, un neurotransmisor implicado en la conducta motivada. El glutamato se libera en respuesta a las señales asociadas con el consumo de drogas, por lo que cuando los adictos están expuestos a estas señales, su ansia por la droga aumenta, incluso si han estado fuera de la droga desde hace algún tiempo. El mismo comportamiento se puede modelar en ratas. Cuando las ratas, que se auto-administran cocaína presionando una palanca que proporciona cocaína en sus cuerpos, se retiran del medicamento durante varias semanas, sus ansias devuelve si están expuestos a las señales que acompañaron a la administración de fármacos en el pasado, en este caso , un tono y la luz. Sin embargo, si las ratas se tratan con ceftriaxona durante la abstinencia, ya no buscan la cocaína cuando se presentan las señales. La ceftriaxona parece bloquear deseo revirtiendo la disminución de GLT1 causada por la exposición repetida a la cocaína. De hecho, ceftriaxona aumenta GLT1, que permite glutamato a ser aclarado rápidamente desde el cerebro. El grupo de investigación Rebec localiza este efecto para el núcleo accumbens, mostrando que si GLT1 fue bloqueado en esta región del cerebro incluso después del tratamiento ceftriaxona, las ratas recaería.
Mientras que un trabajo anterior del grupo de Rebec mostró los efectos de ceftriaxona en la busqueda de cocaína, el nuevo trabajo fue el primero en localizar los efectos de la ceftriaxona para el núcleo accumbens y fue el primero en demostrar que las obras ceftriaxona después de largos períodos de abstinencia. “La idea es que el aumento GLT1 evitará una recaída. Si bloqueamos GLT1, la ceftriaxona no debe funcionar”, dijo Rebec. “Ahora tenemos pruebas convincentes de que la ceftriaxona actúa en GLT1 y que el núcleo accumbens es el punto crítico.”
Rebec dijo antes de trabajar en la enfermedad de Huntington, un trastorno neurodegenerativo, él y su equipo alertaran sobre la forma en que ceftriaxona actúa sobre la expresión de GLT1, una proteína que elimina el glutamato del cerebro. Eliminación de glutamato es un problema en la enfermedad de Huntington, y el equipo de Rabel encontró que la ceftriaxona aumenta GLT1 y mejora los signos neurológicos de la enfermedad en modelos de ratón. Ahora es importante para determinar por qué la cocaína disminuye GLT1 y para ver si otras drogas de abuso tienen el mismo efecto. Rabel y sus colegas han demostrado que la ceftriaxona también puede disminuir la ansiedad por el alcohol en ratas criadas selectivamente a preferir alcohol.
Los señales de drogas son un factor que puede desencadenar una recaída. El trabajo futuro también examinará si la ceftriaxona puede bloquear el ansia de drogas inducida por el estrés o por la reexposición al fármaco. Si es así, esto significaría que GLT1 podría convertirse en un objetivo importante en la búsqueda de tratamientos para prevenir una recaída. Ahora, dijo Rebec, hay una serie de factores a estudiar. “Todavía no sabemos cuánto tiempo los efectos de la ceftriaxona pasado. ¿Tiene un adicto tiene que estar en ella para un mes o va a perder su eficacia? Nosotros todavía no sabemos qué va a pasar.” En el estudio de la cocaína, las ratas tomaran cocaína durante seis horas al día durante un máximo de 11 días. Su comportamiento es muy similar a la de un humano adicto. “Al igual que los adictos humanos, toman la droga cada vez más rápido y que quieren llegar a más y más rápidamente.” Retiro sirve como un periodo de incubación durante el cual el deseo aumenta si se activa por señales u otros factores. “Algo cambia en el cerebro durante ese tiempo para disparar el deseo o que sea más probable que usted desea que la droga”, dijo Rebec.
“Eso es lo hace la ceftriaxona” Ceftriaxona está ahora en ensayos clínicos en personas con ELA, también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, que tiene muchos mecanismos en común con otras enfermedades neurodegenerativas tales como la enfermedad de Huntington y la enfermedad de Alzheimer. Medical Press
El estudio, que apareció en The Journal of Neuroscience, mostró que cuando las ratas que toman grandes dosis de cocaína son retiradas de la droga, la producción de GLT1 en el núcleo accumbens, una región del cerebro implicadas en la motivación, comienza a disminuir. Pero si las ratas reciben ceftriaxona, un antibiótico utilizado para tratar la meningitis, GLT1 aumenta durante el período de espera y disminuye la ansiedad de cocaína.George Rabel, profesor en el Departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro, dijo ansia por la droga depende de la liberación de glutamato, un neurotransmisor implicado en la conducta motivada. El glutamato se libera en respuesta a las señales asociadas con el consumo de drogas, por lo que cuando los adictos están expuestos a estas señales, su ansia por la droga aumenta, incluso si han estado fuera de la droga desde hace algún tiempo. El mismo comportamiento se puede modelar en ratas. Cuando las ratas, que se auto-administran cocaína presionando una palanca que proporciona cocaína en sus cuerpos, se retiran del medicamento durante varias semanas, sus ansias devuelve si están expuestos a las señales que acompañaron a la administración de fármacos en el pasado, en este caso , un tono y la luz. Sin embargo, si las ratas se tratan con ceftriaxona durante la abstinencia, ya no buscan la cocaína cuando se presentan las señales. La ceftriaxona parece bloquear deseo revirtiendo la disminución de GLT1 causada por la exposición repetida a la cocaína. De hecho, ceftriaxona aumenta GLT1, que permite glutamato a ser aclarado rápidamente desde el cerebro. El grupo de investigación Rebec localiza este efecto para el núcleo accumbens, mostrando que si GLT1 fue bloqueado en esta región del cerebro incluso después del tratamiento ceftriaxona, las ratas recaería.
Mientras que un trabajo anterior del grupo de Rebec mostró los efectos de ceftriaxona en la busqueda de cocaína, el nuevo trabajo fue el primero en localizar los efectos de la ceftriaxona para el núcleo accumbens y fue el primero en demostrar que las obras ceftriaxona después de largos períodos de abstinencia. “La idea es que el aumento GLT1 evitará una recaída. Si bloqueamos GLT1, la ceftriaxona no debe funcionar”, dijo Rebec. “Ahora tenemos pruebas convincentes de que la ceftriaxona actúa en GLT1 y que el núcleo accumbens es el punto crítico.”
Rebec dijo antes de trabajar en la enfermedad de Huntington, un trastorno neurodegenerativo, él y su equipo alertaran sobre la forma en que ceftriaxona actúa sobre la expresión de GLT1, una proteína que elimina el glutamato del cerebro. Eliminación de glutamato es un problema en la enfermedad de Huntington, y el equipo de Rabel encontró que la ceftriaxona aumenta GLT1 y mejora los signos neurológicos de la enfermedad en modelos de ratón. Ahora es importante para determinar por qué la cocaína disminuye GLT1 y para ver si otras drogas de abuso tienen el mismo efecto. Rabel y sus colegas han demostrado que la ceftriaxona también puede disminuir la ansiedad por el alcohol en ratas criadas selectivamente a preferir alcohol.
Los señales de drogas son un factor que puede desencadenar una recaída. El trabajo futuro también examinará si la ceftriaxona puede bloquear el ansia de drogas inducida por el estrés o por la reexposición al fármaco. Si es así, esto significaría que GLT1 podría convertirse en un objetivo importante en la búsqueda de tratamientos para prevenir una recaída. Ahora, dijo Rebec, hay una serie de factores a estudiar. “Todavía no sabemos cuánto tiempo los efectos de la ceftriaxona pasado. ¿Tiene un adicto tiene que estar en ella para un mes o va a perder su eficacia? Nosotros todavía no sabemos qué va a pasar.” En el estudio de la cocaína, las ratas tomaran cocaína durante seis horas al día durante un máximo de 11 días. Su comportamiento es muy similar a la de un humano adicto. “Al igual que los adictos humanos, toman la droga cada vez más rápido y que quieren llegar a más y más rápidamente.” Retiro sirve como un periodo de incubación durante el cual el deseo aumenta si se activa por señales u otros factores. “Algo cambia en el cerebro durante ese tiempo para disparar el deseo o que sea más probable que usted desea que la droga”, dijo Rebec.
“Eso es lo hace la ceftriaxona” Ceftriaxona está ahora en ensayos clínicos en personas con ELA, también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, que tiene muchos mecanismos en común con otras enfermedades neurodegenerativas tales como la enfermedad de Huntington y la enfermedad de Alzheimer. Medical Press
lunes, 22 de abril de 2013
Sube consumo de cocaína y enfermedades asociadas
"Antes no se te pasaba por la mente que un paciente de 25 años podía tener un infarto, y menos una mujer. Sin embargo hoy estamos viendo esos casos en pacientes que son adictos a la cocaína", contó a El País el director médico de UCM, Jorge Díaz. Aunque opacado por el ruido de la pasta base, en los últimos diez años también ha crecido el consumo de cocaína, según coincidieron médicos de diferentes disciplinas y especialistas en tratamiento de adicciones.
El catedrático de Cardiología en el Hospital de Clínicas, Ricardo Lluberas, dijo que en los últimos tiempos cambió "la percepción" de los cardiólogos con respecto a este consumo. "Estamos viendo cada vez más casos de personas jóvenes que ingresan a una emergencia por un cuadro sugestivo de un problema coronario, que están intoxicados por una dosis en exceso de cocaína", dijo. Cuando se consume en grandes cantidades, la cocaína puede generar espasmos coronarios o arritmias que provoquen paros cardíacos, aún en pacientes jóvenes sin ningún problema coronario subyacente, explicó Lluberas.
Pero además, según el grado 5, es cada vez más frecuente encontrar a adictos crónicos con enfermedades coronarias muy precoces. "La típica placa artereoesclerótica coronaria que es la causa habitual de infarto en una persona de 50 o 60 años (con lesiones coronarias, con obstrucciones, con grasa), hoy la estamos viendo cada vez con más frecuencia en pacientes jóvenes que son adictos a la cocaína", contó Lluberas.
Esto obligó a los cardiólogos a evaluar en cada paciente, además de problemas como el colesterol alto o ser fumador, la posibilidad de que sea un adicto a la cocaína, algo que antes no se tomaba en cuenta, según Lluberas.
Otro de los órganos que la cocaína afecta es el riñón. Los nefrólogos también notaron un aumento de las consultas por el consumo de la droga. Asunción Álvarez, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Nefrología, contó que comenzaron a ver casos de insuficiencias renales agudas "producto de una crisis de estimulación que genera el consumo de una dosis muy alta de cocaína". En general, dijo, son consumidores esporádicos que hacen un consumo masivo. "Eso antes no lo veíamos", dijo la especialista.
Álvarez contó que los casos en general son graves, implican una internación en el CTI y requieren diálisis.
El consumo masivo de cocaína, explicó Álvarez, "genera un aumento del trabajo muscular, una hiperestimulación muscular, que hace que se liberen sustancias que obstruyen y tienen efecto tóxico directo sobre los riñones".
Los casos de insuficiencia renal aguda se vieron en centros de salud públicos y privados. El psiquiatra Fredy Da Silva, director del centro de rehabilitación de adictos Izcali y jefe del departamento de Salud Mental de la Asociación Española, también cree que hay un aumento del consumo de cocaína. "Tengo una percepción clínica de que eso sucede, en la consulta, e incluso por comentarios de los que consumen otras drogas como marihuana o alcohol y te dicen cómo ha aumentado el consumo de cocaína", contó Da Silva.
El especialista dijo que se están viendo "más alcoholistas que ahora se animan a tomar cocaína. Que antes decían `estos químicos no`, y hoy le perdieron el miedo".
Para Da Silva, esta conducta se explica por una mayor "permisividad" en cuanto al consumo de drogas. "La misma permisividad que mucha gente tiene para consumir marihuana, porque va a salir tal o cual ley, porque dicen que no es tan mala, se ha trasladado a otras drogas. Es un fenómeno curioso", dijo.
NIÑOS
En el Hospital Pereira Rossell también hay preocupación por el aumento del consumo de cocaína. El País informó en marzo que en ese Hospital los médicos comenzaron a detectar restos de cocaína en la orina de niños y lactantes que ingresaban con convulsiones, taquicardia o hiperexitabilidad.
Como los casos comenzaron a ser repetidos, los médicos decidieron instalar como protocolo la búsqueda de metabolitos de cocaína en la orina de los niños que ingresan.
Ya en 2011 un estudio del Departamento de Neonatología y la Clínica Ginecológica C de la Facultad de Medicina había mostrado que el consumo de cocaína en embarazadas del Pereira Rossell había pasado de no existir en 2005 a estar presente en el 2,61% de las embarazadas en 2010. También en ese período aumentaron las que consumían pasta base. El profesor adjunto del Departamento de Neonatología y miembro del equipo de investigación, Mario Moraes, dijo a El País que "la mejoría económica de la población determinó que la población pobre pueda acceder también a la cocaína".
El consumo en embarazadas es uno de los aspectos más dolorosos de esta realidad. Hay niños que nacen adictos y atraviesan un síndrome de abstinencia. Además generalmente nacen prematuros y con bajo peso. "Son situaciones realmente muy embromadas, ese tipo de cosas que uno desearía que no existieran", dijo el psicólogo Eliseo González Regadas, presidente de la Federación Uruguaya de Comunidades Terapéuticas. "Son cosas que deberían hacernos reflexionar, en lugar de estar pensando en legalizar sustancias, deberíamos pensar en campañas de prevención y en invertir dinero en lo que realmente hace falta", dijo.
El cambio de comportamiento en cuanto al consumo de cocaína se comenzó a gestar a mediados de los `90, según el experto. "Ahí comienza un crecimiento exponencial y es cada vez mayor del 2000 en adelante", contó.
Para González Regadas, la disminución de la "percepción del riesgo" en el consumo de sustancias explica el mayor consumo. "Cuando disminuye la percepción de los riesgos se incrementa el consumo, porque la gente tiene la idea de que los riesgos implicados en el consumo son mucho menores de lo que realmente son".
"En los últimos cinco años en la sociedad uruguaya ha bajado notoriamente la percepción del riesgo. Y eso ha sido porque no ha habido campañas de prevención que alertaran sobre todo lo que implica el consumo de sustancias", dijo.
El transporte, la cocina, la noche y el estrés son "campo fértil" para la cocaína
Por el costo de la droga, el consumidor de cocaína suele pertenecer a un estrato socioeconómico medio y alto, según coincidieron los especialistas (un gramo de cocaína cuesta entre 400 y 500 pesos).
"Los adictos a la cocaína suelen ser personas de entre 30 y 40 años, de un nivel económico medio e insertos laboralmente", contó el psicólogo Martín Gedanke, director del centro de rehabilitación en adicciones Aconcagua. A diferencia de la pasta base, que genera un deterioro más rápido, "la adicción a la cocaína hace perder los vínculos más a largo plazo. Al principio los adictos logran sostenerse laboral y socialmente", comentó.
Las profesiones de "mucha tensión y estrés" son un "campo fértil" para la cocaína, según Gedanke. En Aconcagua han visto además que la cocaína es común en los ámbitos relacionados con la cocina y con el transporte. "Nos llegan muchos pacientes que son mozos o cocineros. Obviamente que también la gente que trabaja en boliches de noche. También es habitual que consuman conductores de taxi o de ómnibus", comentó. "Son profesiones que requieren mantener la atención durante una cantidad de horas continuas. La cocaína los sostiene", dijo.
El especialista en farmacodependencia Fredy Da Silva contó que del punto de vista psiquiátrico hay "ciertos rasgos de personalidad" que están asociados al consumo de cocaína. "No a cualquier persona se le complica con la cocaína. Afecta principalmente a personas con trastornos narcisistas, o rasgos antisociales, con elementos de baja autoestima y depresión", dijo.
El consumo suele comenzar en ámbitos sociales. "En general la persona comienza tomando algún fin de semana, espaciado uno del otro, en alguna fiesta o un cumpleaños", dijo Da Silva. "En una segunda etapa empieza a consumir los fines de semana con cierta regularidad, cuando sale a bailar, cuando va al estadio", contó. "En una tercera etapa el fin de semana empieza el viernes o el jueves. Y en una cuarta etapa ya no sólo consume en el fin de semana largo, sino que como el lunes o el martes tienen resaca o ya síndrome de abstinencia, consumen esos días para poder sobrellevar la jornada. Y ahí ya estamos en una adicción", explicó.
TESTIMONIO
"Me hacía sentir fuerte frente a mi familia"
Gonzalo tiene 31 años, está casado y tiene dos hijos de 6 y 4 años. Era operario de un frigorífico, pero está con licencia médica desde que se agudizó su consumo a la cocaína.
"Había probado una vez nomás. Probé para sacarme las dudas, mi consumo habitual era la marihuana. Hasta que en marzo del año pasado me enteré de la enfermedad terminal de mi padre. Ahí caí en una angustia de encerrarme en mí mismo, a sentirme mal. No me sentía fuerte delante de mi familia. Y recurrí a la cocaína, que me hacía sentir fuerte, sobre todo frente a mi padre", contó Gonzalo, que hoy está internado en el centro Aconcagua.
"Cuando fallece mi padre, en junio, ya no había motivo para seguir el consumo. El tema es que ya me había enviciado con la cocaína", comentó. En ese momento comenzó a consumir más frecuentemente. "Llegó un momento que dije basta, me sentía muy mal con mi familia, sentía que había perdido el vínculo con mis hijos. Que ya no los disfrutaba cuando estaba con ellos. Era una vida de rutina y de consumo".
Aunque afirma que dejó de consumir, en enero tuvo una recaída en actitudes agresivas por no tener la sustancia. "Le levantaba mucho la voz a mis hijos. Ya me había convertido en un mal padre. Ahí fue cuando decidí internarme, porque era esa sustancia inerte o mi familia", contó. Fuente: El País
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